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Comunicación · 11 de Enero de 2019. 13:00h.

“El proceso ha sacado lo peor del periodismo”

Joaquín Luna: "Los políticos independentistas han explicado muchas milongas"

“El proceso ha sacado lo peor del periodismo”

Joaquín Luna

Dicen que los periodistas tenemos que escoger con frencuecia entre la profesión o la familia, que las dos cosas no puede ser. Y quizá es cierto. Joaquín Luna (Barcelona, 1958) se reivindica como “decano de los periodistas divorciados de Catalunya” y nadie le discute ni el título ni el mérito. La verdad es que lo lleva estupendamente. Tras casi toda una vida profesional en La Vanguardia -empezó en la Europa Press- ha sido corresponsal en Hong Kong, Washington y París. Además se declara unionista y le gustan los toros. Lo cuenta en “¡Menuda tropa!. Aventuras y desventuras de un periodista divorciado” (Destino).

- Cómo ha cambiado el periodismo desde que usted llegó: no había móviles y se enviaban las crónicas por fax

¡Menuda diferencia! En el 81, empecé en Europa Press, la del gran tándem Aragonés-Arasa, y en el 82, ya en La Vanguardia, todo era papel y el ruido de las máquinas de escribir. Si uno se fija, los de mi generación aporreamos los ordenadores… Los cambios tecnológicos han sido impresionantes. Han ahorrado horas y horas de espera para transmitir crónicas, sobre todo desde lugares conflictivos. Recuerdo –hoy con cariño- que para transmitir las crónicas de la retirada del ejército vietnamita de Camboya en 1990 tenía que pedir la conferencia telefónica de buena mañana en la oficina de Correos –de la época colonial francesa- de Phnom Penh. Volvías entrada la noche y aún así tocaba esperar un par de horas. Me entretenía consultando la guía telefónica de Argelia… ¡cuando era un departamento de Francia! Me gustaba buscar apellidos españoles. La telefonista tenía que conectar con Hanoi que, a su vez, conectaba con Moscú y de ahí a Barcelona para dictar las crónicas (en el diario había un equipo de taquigrafía). El lado preocupante es que vivimos en una cultura de lo instantáneo y que antes de cinco minutos los medios estamos exigidos a dar todas las respuestas de una noticia. Hay un exceso de periodismo de “Fast food”. A veces, una noticia tiene que hervir horas…incluso días.

- ¿Qué es lo principal que ha aprendido tras ser corresponsal en Hong Kong, Washington y París?

Que la verdad absoluta no existe. Y que no hay que confundir nunca deseos con realidad o “enamorarse” de las historias porque te hace perder perspectiva. Naturalmente, en el 89 me ilusioné con el movimiento estudiantil de Tiananmen, que cubrí de principio a fin –por cierto: se necesita detrás una empresa informativa sólida en lo financiero- y nunca supuse, como la mayoría de compañeros, que aquello acabaría en una matanza y con el poder del PC intacto. Te desengañas y es positivo: China ha prosperado mucho gracias a la estabilidad política, aún siendo dictatorial. Las cosas son como son, no como nos gustaría que fuesen. Lo único que me rebela es que Pekín hable de “los hechos de Tiananmen” cuando aquella noche del 3 al 4 de junio hubo una carnicería.

- ¿Su ciudad preferida? Tengo la sensación que en la capital francesa se lo pasó muy bien. Hasta visitaba clubs de intercambio de parejas

Mis ciudades son Hong Kong, Tokio y París. El Hong Kong colonial era la mejor combinación que ha existido en la historia del “East meets West”. Los británicos legaron orden, un sistema judicial, libertad de información y desarrollo tecnológico, los hongkoneses mucho trabajo y esa capacidad innata de los chinos por el comercio y los negocios. No había otra ciudad más vibrante en Asia. He pasado estancias largas en Tokio: amor a primera vista. La elegancia y el diseño japoneses son únicos. Y París… una ciudad que parece malhumorada de dia y lo es menos de lo que parece. La suerte es que pude vivir mucho la noche de París. Soy de los que pienso que la noche carece de prestigio pero es más interesante que el día.

- ¿Cambiaría algo de su vida profesional?

Para lo bueno y para lo malo, soy un periodista disciplinado. He dicho que sí a todo lo que me han asignado en La Vanguardia. ¡Qué se le va a hacer!

- Su matrimonio no resistió tanto ajetreo. Hasta ejerce de decano de los periodistas divorciados de Catalunya

Bueno, me divorcié estando en Washington. Quizás hubiese pasado igual de haber vivido en Barcelona. No le doy vueltas a lo hecho. Tengo vocación de divorciado y, en coña, empecé a atribuirme el título de “decano de los periodistas divorciados de Catalunya”… ¡nadie lo ha reivindicado!. Ejerzo con orgullo. Ser un divorciado no es mejor ni peor que ser un casado aunque tener menos compromisos familiares sea una gran ventaja. De la broma en mis columnas –por las que me acusan de machista- a la broma en “Islandia” de RAC 1 donde, ¡gracias Albert Om!, trato de reivindicar la visión del mundo de un divorciado maduro.

- Por cierto, tengo a su ex en mi facebook. Diría que mantienen buena relación

Jajaja. ¡Es mérito de ella! Creo que es así y me enorgullece. Y da mucha tranquilidad: tenemos un hijo en común, poca broma. La relación es buena y seguirá siéndolo porque es tan difícil que yo me vuelva a casar como que un día veamos la República Catalana.

- Perdone las preguntas personales, vamos a por las profesionales: ¿Lo más difícil de un corresponsal es el regreso?

El regreso es muy complicado. Estuve fuera de 1987 al 2000 y me tocó demostrar de nuevo muchas cosas en La Vanguardia. A veces, llegas a tener la impresión de que haber sido corresponsal y haber viajado tanto te toca pagarlo… En el libro menciono la sensación de “¿qué hago yo aquí?” la noche de invierno desapacible en que me tocó escribir una pieza de color sobre un partido de Copa del Rey entre la Gramanet y el Barça (debutó Messi en esa competición, poca broma). Saltó la sorpresa y tuve que cambiar una crónica más o menos costumbrista para incluir las declaraciones tópicas del entrenador de la Grama.

- No lo digo sólo por los corresponsales extranjeros que vuelven. Usted cuenta la anécdota de Paco González Ledesma, que ganó el Premio Planeta en 1984, y apenas escribía

Fue una lección: no basta con escribir bien para escribir en un diario porque los periodistas tenemos el ego muy grande. González Ledesma, a quien yo admiraba a pesar de que cada vez que veía toros en algún televisor del diario me abroncaba, ganó el Planeta cuando sufría una cierta marginación. Al conocerse la noticia, Javier Godó quiso felicitarle  y le llamó a su despacho junto  a la dirección. ¿Y por qué no escribe más en el diario?, vino a ser la pregunta lógica del editor. “Esto pregúnteselo a estos señores”, fue la respuesta incisiva. A partir de entonces, lo recuperamos… Su hijo Enric es uno de los mejores periodistas de Catalunya. Y un bon vivant muy leído, lo cual a mi entender es una virtud profesional.

- También es una generación que lo tuvo difícil: pasó de la máquina de escribir a la informática

Los cambios tecnológicos han sido un progreso y al mismo tiempo un retroceso. Ya no hay estafeta de correos en Phnom Penh pero la inmediatez induce a errores, superficialidades y el “fast food” informativo. Hoy ves una conexión en directo por televisión y el pobre periodista tiene que decir ya lo que ha pasado y lo que pasará en ese país al que ha llegado cinco minutos antes.

- Me va a permitir que le pregunte también sobre el proceso. Le voy a recordar una frase de su libro: “No hace falta que los periodistas contribuyamos voluntariamente a que nos pierdan el respeto”. No sé si el citado proceso ha contribuido

El procés ha sacado lo peor del periodismo, en la línea de lo que dijo Jordi Évole: el proceso me ha hecho peor persona. Ha sucedido lo mismo a escala profesional hasta el extremo de que muchos han preferido que la realidad no les estropease no ya un buen titular sino una opinión personal y –ay- una ilusión. Los periodistas no deberíamos tener ilusiones. Los políticos independentistas han contado muchas milongas en el plano de las relaciones internacionales y en lugar de contrastarlas o dudar las hemos amplificado. Presumo de haber desenmascarado a un falso Nobel de la Paz que arengaba desde el Palau de la Genetralitat y los actos de la Diada del 2017. ¡Algunos colegas reaccionaron metiéndose conmigo! Las opiniones son libres pero los hechos son sagrados.

- Otra: “el proceso ha sido y es un test de resistencia para el periodismo del cual me da miedo que el oficio haya salido escaldado”

Ha sido y es un test de resistencia porque la objetividad o el deseo de ella se han ido por las cloacas. Y a ver quién es el guapo que rehace el estropicio de la pérdida de credibilidad. Hoy la gente sólo se fía de los medios suyos y así no es sencillo recuperar la cordura en Catalunya. Es una espiral que refuerza trincheras.

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- La Vanguardia tiene un papel difícil

La Vanguardia es un diario indispensable para entender la historia de Catalunya. Nos critican todos: señal de que reflejamos el pulso del país, que está dividido, muy dividido. La línea editorial, sin embargo, es inequívoca: el diario defiende la legalidad y el marco constitucional. Esto suena a obvio pero para algunos es una traición. 

- Diría que el anterior director, José Antich, jugó la carta del proceso

José Antich fue un buen director pero sin mano izquierda con los periodistas “de la casa” –entre los que me incluyo-. En el 2012, diría que apostó por el giro del presidente Artur Mas lideraría con su famoso timón pero las elecciones anticipadas fueron un revés que originó, en cadena, una sucesión de errores. Cuando empezó a verse que el movimiento aspiraba a una independencia exprés y “revolucionaría”, Antich fue relevado. Creo que no somos un órgano revolucionario ni siquiera de las revoluciones sonrientes. Lo de jalear ilegalidades nunca ha ido con el alma del diario.

- Usted, en cierta manera, es el unionista oficial. Lo veo hasta en TV3

Y no me escondo en mi faceta de columnista. He sido y soy muy crítico con todos esos postulados que pretendían hacer creer a los catalanes que Europa nos acogería con los brazos abiertos, que enfrentarse al Estado español estaba chupado y que todo se solucionaría mediante una República gestionada por los mismos que habían endeudado la Generalitat y protagonizado casos de corrupción. Los catalanes no estábamos para dar lecciones a nadie y hemos dado muchas, lo cual, claro, no te hace simpático. El verano del 2018, FAQS me pidió una colaboración. ¿Me sorprendió? Mucho. Yo había criticado y con dureza el programa en el que entrevistaron a Inés Arrimadas con una hostilidad poco habitual. Por tanto, sí creo que debería de haber más voces no indepndentistas, ¿cómo iba a negarme? La condición fue simple: pactamos previamente los temas que comento y los expongo sin entrar en polémicas con otros. Y lo han respetado. Algunos dirán que soy un tonto útil y puede que tengan razón pero me he permitido comentarios como el de decir que el procés a todo o nada ya ha terminado, que las conferencias de Torra por el mundo son un egaño o que Carles Puigdemont está condenado a la irrelevancia en el 2019.

- De hecho es un poco rara avis: liberal, unionista y proamericano

¿Rara avis? No tanto. En La Vanguardia no soy una rara avis sino alguien que conecta con los muchos lectores que son liberales, unionistas –¡y catalanes!- y proamericanos. La “paz americana” es la menos mala y la menos injusta de cuantas dominaciones imperiales ha tenido el mundo. Hay algo singular en Estados Unidos: el valor de la responsabilidad individual. Aquí, en Europa, somos muy quejicas, criticamos a los ricos y aún no hemos entendido que el Estado sólo te da lo que antes te ha quitado. Cuando escucho que el Estado -o sea usted y yo- tenemos que compensar al inversor avaricioso al que han estafado o a personas que han derrochado y están con el agua al cuello, me entra el mal café. La solidaridad no consiste en eso. Ni en presumir de que aquí queremos más inmigrantes cuando a menudo no sabemos que hacer con los que ya tenemos. Yo no quiero ser un tipo guay.

- Para acabar una pregunta inevitable: un consejo para alguien que se quiera dedicar al periodismo. Usted dice que “vales lo que vale tu última crónica publicada”

El periodismo es muy exigente porque de nada te sirve una trayectoria si lo último que escribes es una birria. Me identifico con el mito de Sísifo. Y así, de paso, contengo el ego de pensar que lo escribimos influye en la marcha del mundo. En mis columnas me conformo con entretener al lector de 3 a 5 minutos. Creo que he arriesgado: ser tachado de machista y unionista no es en la Calaunya del 2019 la mejor de las descripciones. En contrapartida, tengo algunos lectores fieles entre quienes pagan por leerme. Entre los que no me pagan, curiosamente, tengo más críticos. ¡Nunca había visto tanta exigencia en personas que no son clientes!

- Voy a acabar recordando también a Ben Bradlee: qué bien se lo ha pasado

Tuve el placer de entrevistar sin prisas a Ben Bradlee en su pequeño despacho del Washington Post a propósito de la publicación de su libro de memorias (“A good life”). Yo defiendo el periodismo bohemio, canalla y hedonista y no porque sea un jeta o un vividor sino porque creo que es el que ha producido las mejores páginas del periodismo. Gente así ni aburren ni dejan indiferente. Ben Bradlee… el director del diario que mediante el Watergate cambió el mundo era un bon vivant. Siempre digo que quien quiera conciliar quizás debería pensar en otro oficio, lo cual, claro, aumenta el número de mis detractoras. ¡Qué le vamos a hacer! /Una entrevista de Xavier Rius.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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21 Comentarios

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#11 Alien, Pluton, 10/02/2019 - 14:49

¿Por qué no se apunta a First Dates? Igual le encuentran algún plan, aunque quizás es más probable la república.

#10 Rogeli, Tornabous, 08/02/2019 - 20:56

Luna un tipo con personalidad y culto.

#9 Neferu, Barcelona, 08/02/2019 - 20:55

Pues yo creo que se equivoca. creo que será infinitamente más probable que se case a que Catalunya consiga una república de forma pacífica.

#8 M, Sabadell , 08/02/2019 - 18:19

Disfruto leyendo sus articulos en la Vanguardia, tanto los serios de cachondeo, como los deportivos.
Y suponiendo que es muy dificil e improbable que se vuelva a casar, muchisimo mas dificil es que Catalunya se independice, por mucho que a unos cuantos ilusos, faltos de pragmatismo, les resulte imposible reconocerlo.

#7 Alien, Pluton, 08/02/2019 - 17:38

Aquest senyor té una estranya obsessió amb el seu estat civil i com lligar quan va a la disco, com si ens importés. No és correcte.